“Padre no hay más que uno 2”

¿Qué tal, cinéfilos? Tras un año desde la primera entrega, Santiago Segura ha desafiado a la pandemia y ha estrenado en cines y plataformas digitales “Padre no hay más que uno 2: La llegada de la segra” volviendo a encargarse el mismo de la dirección, del guión y de su propio personaje. Siguiendo la misma fórmula de humor y los tópicos de su predecesora, la película será medianamente disfrutable solo si la vemos sin más pretensiones que las de una tarde de risa en familia.

La película arranca con Javier (Santiago Segura) como un organizado padre de familia numerosa, pero, cada uno de sus cuatro hijos se rebelan a su particular manera: la adolescente Sara (Martina Valeria de Antioquía) está conociendo a su primer amor, Carlota (Calma Segura) continúa con su ecologismo,  Rocío (Luna Fulgencio) quiere ser andaluza y flamenca, Dani (Carlos González Morollón) es un fracaso en fútbol y ballet y la pequeña Paula (Sirena Segura) quiere un perro.

Para colmo, todo se pondrá aún más patas arriba cuando Marisa (Toni Acosta) vuelve a quedarse embarazada y recurra (ante el abandono de Rosaura) a la ayuda de la suegra Milagros (Loles León), para desgracia y desconcierto de Javier.

Toda esta disparatada situación se desarrollará en una sucesión de gag cómicos uno tras otro, en aproximadamente una hora y media de metraje: humor ligero y fácil, para todos los públicos, alejado del tono irreverente de Torrente.

Además, como acostumbra Segura, tenemos un reparto completado por cameos de caras conocidas, como Silvia Abril , José Mota, Leo Harlem o Nuria Fergó.

A nivel de guión, la trama es simpática pero intrascendente, con el personaje de Santiago Segura afrontando los problemas del día a día de todo padre, sacando las risas de situaciones surrealistas pero cotidianas, resultando entretenida sin más y apta para los fans de la primera película.

Con respecto a las interpretaciones, Santiago Segura roza el esperpento haciendo de si mismo, lo que le viene mucho mejor para encarnar a Torrente que a un personaje más normal como Javier, sin tanto histrionismo en medio del caos de sus hijos.

El apartado cómico recae en gran parte sobre el personaje de Loles León, una suegra llena de botox, irónica y mordaz, que llega para fastidiar a Javier y protagoniza con él sus mejores escenas. Los papeles de los pequeños, menos el de Luna Fulgencio, son más planos.

Padre no hay más que uno 2 es, con menos frescura, todo el arquetipo de comedia familiar española, y da y aporta justo lo que se espera de ella, menos con una pequeña sorpresa al final que sacará una sonrisa a los espectadores. La gracia de sus chistes y cameos es lo medianamente tolerable para una sesión de cine en familia.


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